Wednesday, October 31, 2007

Volviendo a casa

Ayer los pensamientos oprimían mis pasos cansados en la sombra despistada de tu memoria…aunque caminabas junto a mí. Teniéndote tan cerca, avanzaba  sin embargo desprendida del mundo, surcando el viento que se apelmazaba sobre mi cara, que me encogía la garganta y que retenía el flujo incesante de imágenes que aturdía mi mente embelesada….Te miraba sin verte.  Te tocaba sintiendo tu pulso tórrido y rítmico sobre mis dedos fríos; acariciaba inconsciente el templo de tu alma como si fuera un movimiento por mi corazón aprendido…Pero yo estaba ausente, en alguna otra parte…pensándote.

Mientras, la corriente de un invierno prematuro, atracaba en el puerto de esas calles vacías que teníamos hartos aprendidas, y con su lengua afilada nos empujaba torpemente hacia casa…En el camino, seguía absorta, acurrucada en ése silencio cómodo y cómplice que a veces nos sorprendía sin previo aviso…Y en la presencia de un mutismo apenas interrumpido por nuestras manos abrazadas….dibujaba en el aire formas, sin pincel ni lienzo, sin intención y sin remordimientos. Libremente vagaba en la penumbra de un sentimiento impregnado de ti, porque sí….Se había detenido el tiempo o simplemente había aniquilado en mi recuerdo todo rastro de su paso indeleble. Corrían los minutos unos detrás de otros, al igual que nuestros pies conquistaban poco a poco un espacio cada vez más templado, cercano, amado…Sentía el cosquilleo de unas llaves juguetonas que tal vez tú enredabas y manoseabas en el interior de tu bolsillo medio cerrado. Era un sonido reconfortante como el vago temblor de aquellas farolas a medio camino entre la luz y el olvido….
Pero seguía perdida en mi pequeño mundo, tan sólo mío…Y pensaba….

Mis ojos, inquietos, por su parte, entretenían ese placentero devenir de bailes inconscientes, deteniéndose en todo lo que con su paso tropezaba: contenedores sucios y abandonados, tiendas recogidas en su propias celdas, persianas bajadas, miradas abatidas que nos cruzaban, lánguidas o tal vez simplemente derrengadas….Balcones nutridos y flores adormecidas, bicicletas con prisa,  el nombre de un niño, señoras en bata, carritos de compra, besos robados y en medio tú. A mi lado, custodiándome, acompañando el retorno de la noche y protegiendo el sendero que nos devolvía al hogar.

Un día más, en un instante cotidiano,  me había abandonado al delicioso vagar del absurdo o del sentido, del pensamiento descarado o aburrido, del correteo bullicioso que, a menudo,  ausentaba mi cabeza y mi sentimiento. Ésta vez estaba todo dedicado a ti…
Intentaba poner algo de orden a ese torrencial de emociones pero emergía abrupto e insolente, vivaz y completo. Sólo podía expectorar palabras aparentemente inconexas, de tez resplandeciente, de tacto profundo y cálido, de sabor a fresa, oro y cobre…Si las hilaba con paciencia, sabía que al final tejería un manto con tu nombre. Y me dejé llevar….
Por dentro quise hablar…pero estallé entre letras disparatadas, como desgarrando una túnica velada…
Tú….

….. Enfermero incansable, doctor para las dolencias más amargas, para los llantos entrecortados, para la fiebre…Eres el aliento que reconforta por las noches, resguardo por las mañanas, susurros furtivos, mensajes que sorprenden con un te quiero, sin venir a cuento. Abrigo que apresa cuando hace frío, sin haberlo pedido. Voz calmada, siempre amada, que contiene con paciencia tantos desvaríos. Cariño. Paraíso number one. Regazo caldo para el sueño, pensamiento continuo por el bien de los demás. Y sonrisa. Eres como la chimenea siempre ardiente preparada desde el alba para templar el despertar; como el camino que se extravió y pudo regresar. Desayuno en la cama, te a medianoche y nunca un reproche. Escucha que no tiene fin, confesor inestimable. Entereza, gallardía, valentía. Sensibilidad en cada poro de tu piel, generosidad en cada acto, sentido del humor para hacer reír…Tranquilo, sosegado, construido sobre sus propia escoria. Adorable. Un hombre, un caballero.

Permanezco algo aturdida por el impulso de esta verborrea deslumbrada con tu ser…Busco el respiro y te miro. Estamos al pie de la puerta; si han pasado unos minutos, me han parecido varios siglos concentrados en un solo papel. No preguntas ni indagas dónde he ido a parar, abres y me cedes el paso, como si fuese la primera vez que nos encontramos….Siento el vértigo de nuestro primer beso….Y te pregunto si hoy te he dicho que te quiero…

Posted by Amaia at 11:52:30 | Permalink | No Comments »

Monday, October 8, 2007

La luz

ESTE POEMA ESTÁ DEDICADO A TODAS LAS PERSONAS QUE LUCHAN POR SALIR DEL TENEBROSO POZO DE LA ANOREXIA Y, EN ESPECIAL, A ALGUIEN QUE QUIERO Y QUE LO CONSIGUIÓ.


…He recorrido un largo sendero cuajado de fango y pantanos quietos, abrigado por el  oscuro manto de mi amor perdido. Ajé mis vestiduras para devolverlas porque no las quería…porque ya no eran como antes, porque habían perdido a aquella niña…aquél refugio que la naturaleza difuminaba indeleble ante mis ojos.

 

 

Disipado, desterrado, enjuiciado y desconocido, mi cuerpo expatriado parecía más soportable y mi alma un poco más liviana, más libre…Alas quería, alas soñaba…alas para olvidar mis huesos que apretaban despacio, para no ceder a esas curvas que se abrían paso, precipicios indomables que esclavizaban mi espejo. Y volar tan alto…volar para soltar alforjas y llantos, para  sentir la ligereza de mis pies descalzos, escalando por dentro mil colinas desdibujadas,  mientras el mundo se consumía en el letargo de una realidad ajena y desconocida.

 

Fuera era demasiado hostil, era demasiado grande…una jauría hambrienta y desbocada que no entendía.

 

 

Y en el proceso de mi renuncia inconsciente, viraba por dentro, violentamente, consumida por un torbellino de espinosos abismos, esos que te tientan golosos y que no pasan de la garganta. Golpeaba mi frente contra el áspero dolor del cosmos, contra una boca cerrada, contra una talla perfecta, contra esa cara que ni reconocía.

 

Me aturdía el torpe movimiento de mi corazón confuso, sus latidos cada vez más lentos. Sin alimento, naufragaba en lamentos sin consuelo alguno.

 

 

 

No tenía palabras, no tenía ganas.

 

Estaba demasiado sola, incomprendida, abandonada.

 

Me sobraba piel, me sobraba alma.

 

 

A mi alrededor contaba con  manos ciertas y cálidas para alcanzarme en el desmayo, dedos largos, amigos o enemigos no lo descifraba…Pero me resignaba. Mientras, en aquél rincón desolado de mi mente, donde se me partían los huesos,  retenía pudorosa lágrimas taciturnas que apenas alcanzaban mi almohada, agua que inquiría en silencio  qué hacía en  aquella clínica, clavada en un lecho con la puerta obstruida.

 

Y la culpa, se acumulaba día tras día atorando mis labios, alejándome del mundo y desterrándome al galimatías de sus bastidores rotos.  Confusa, derrengada, pensaba que no podía….aunque luchaba.

 

Quería  llegar al pomo de la puerta, gritar  y fundir los hierros invisibles de aquélla prisión injusta. Lejos estaba aquella  ventana, inmutable y llena de aire fresco…En la tenue quietud de un sanatorio cualquiera, yacía muriendo para vivir en lo más etéreo y matando mansamente con tanto sufrimiento.

 

 

Un paso y después otro, un día mejor, otro peor, a veces una pequeña ilusión que no duraba y más allá un deseo que construía torpemente pero con mis manos. Y busqué al monstruo que había adormecido mi vida, aparté las hojas secas y rancias, y me miré a la cara, a los ojos, a mi misma. Aterrada pero convencida inicié el sendero de regreso a casa.

 

 

Desde aquél día, me parece que ha pasado un siglo, o dos, un suspiro, un vacío en el tiempo que ni siquiera entiendo. Congeladas, mutiladas, sufridas, inundadas, vividas esas horas que ya no vuelven y que recuerdan que caí….pero hallé la salida. En la victoria lenta y dolorosa finalmente he logrado penetrar sueños serenos, sonreír sin una razón para hacerlo, aceptar que soy lo mejor que tengo, el único camino para seguir venciendo, aprendiendo, viviendo.

 

 

 

A veces regresa el miedo y  siento sus tirantes uñas afilando mi piel adormilada…sólo cuando cierro los ojos, sólo cuando evoco aquél  pasaje retorcido….Pero recuerdo que he ganado, que ya no me tientan aquellas  promesas yermas ni tan perfectas, que ya no es un cuerpo flaco y frío el que llevo a cuestas, ni que tan cerca tengo los nimbos…He sido un ángel caído con sus plumas rotas, convertido en soberano de un reino fortalecido…Ahora que ya no fluyo a tientas, ahora que me he reconocido.

 

 

He sido fuerte.

 

 

He sido valiente.  

 

 

Mi triunfo ondea cada día en éste mirar reluciente, resucitado tras la muerte, resurgido tras ese oscuro y vertiginoso limbo esbozado entre jirones y sin luz. No hay interruptor, no hay linterna.

 

 

 

 

La luz eres tú.

 

 

Posted by Amaia at 07:40:22 | Permalink | No Comments »